Empecé a hojear el libro de arte de La princesa Mononoke en el desayuno y me dio la hora de comer, pero toda esa belleza tuvo un precio
Las pelis de Studio Ghibli me fascinan, y con los años la cosa va a más. Hace un tiempo me puse a ojear con una amiga uno de mis libros de arte de La princesa Mononoke (Mononoke-hime, 1997) mientras desayunábamos, con la idea de echarle un vistazo rápido, y nos dio la hora de comer. Es que uno se pierde en esos fondos pintados a mano, en los detalles, en los colores, la composición… Cada plano de la peli pasó por muchísimas manos, empezando por las de Hayao Miyazaki, que revisó uno a...

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